El Kit Frankenstein: cuando vendes castillos, compras piezas… y nadie trajo el manual
Sandra Ferrer
12/18/2025 • 13 min de lectura

—¡Te juro que el combo sí llevaba la crema!
—No me jures, muéstrame.
—¿Cómo te muestro algo que… ya se fue?
—¿Ya se fue a dónde?
—A la vida. A la calle. A la gente que compra.
—Ajá. ¿Y entonces por qué el sistema dice que todavía tenemos 18 cremas?
—Porque el sistema es optimista. Como tú cuando dices “esta semana sí me ordeno”.
Hay discusiones que nacen grandes. Ésta empieza pequeña, casi tierna, como una cucharita que cae en el piso y todo el mundo finge no haber escuchado… hasta que alguien se resbala y se arma el show.
El cliente, con su combo en la mano, no está pidiendo filosofía. Está pidiendo que el combo sea… el combo. Que la foto se parezca a la realidad. Y tú, que lo único que querías era vender más con una promoción bonita, de repente te encuentras defendiendo tu inventario como si fuera un testigo nervioso en interrogatorio: “sí, sí, ahí está… en algún lado… debe estar”.
El malentendido es delicioso por lo absurdo: “Un kit es solo un producto con un precio.”
Claro. Y un carro es “cuatro llantas y ya”. Hasta que se te cae el motor en la avenida y descubres que el “y ya” era un universo completo.
Porque un kit no es un producto. Un kit es una receta. Una receta que se vende con una sonrisa… pero se sostiene con una lista de piezas que alguien tiene que descontar, reponer, costear y, con suerte, no olvidar en un Post-it que termina pegado en el reverso de una factura vieja.
Y cuando no hay receta (o está en la cabeza de una sola persona, esa persona que justo se enfermó, renunció o decidió “desconectarse un fin de semana”), pasa lo inevitable: vendes castillos, compras piezas… y nadie trajo el manual.
El set de LEGO que se arma solo (según el Excel)
Imagina un set de LEGO. No uno de esos sencillos de “haz un patito y sé feliz”. Uno de esos sets ambiciosos que vienen con un dragón, un castillo y una sensación clara de que el diseñador te odia un poquito.
Tu negocio hace kits así todo el tiempo, aunque no lo llames kit.
- La caja de regalo que trae 1 vela, 1 crema, 1 tarjeta, 1 bolsa, 1 listón.
- El combo “2x1” que en realidad es “1x1 + un regalo que no está en el SKU”.
- El paquete de “inicio” (starter pack) para nuevos clientes.
- La promo por temporada que cambia cada semana porque “lo que haya”.
El cliente compra el castillo. Tú compras piezas: velas por un lado, cremas por otro, bolsas por otro. Hasta ahí, perfecto: el mundo funciona a base de piezas.
El problema aparece cuando tu sistema —o tu hoja— trata el castillo como si hubiera nacido completo, como si viniera de fábrica en una cajita con su código de barras y su destino claro. Cuando, en realidad, el castillo existe solo cuando alguien lo arma.
Entonces pasa lo mágico (mágico en el sentido de “nadie entiende por qué”):
Vendes 10 combos. Deberían bajar 10 cremas, 10 velas, 10 bolsas, 10 listones.
Pero baja… lo que baja. A veces baja una cosa. A veces no baja nada. A veces baja dos veces. A veces baja tarde. A veces baja en la sucursal equivocada. A veces baja el ánimo del equipo, que también cuenta como inventario emocional.
Y de pronto tu inventario parece una mesa después de armar LEGO con niños: piezas por todos lados, instrucciones perdidas, y la sospecha de que alguien se tragó un bloque.
Las fugas del Kit Frankenstein (no son “errores”, son escenas)
La gente suele culparse con frases intensas: “soy desordenado”, “mi equipo no registra”, “nadie me ayuda”.
Pero lo que pasa con los kits casi siempre es diseño, no moral.
Escena 1: El combo “virtual” que no consume nada (y se come todo)
Creas un SKU llamado “Combo Navidad”. Lo vendes como si fuera un producto normal.
El sistema lo registra como venta. Aplausos.
Pero no descuenta componentes, porque nadie le dijo qué lleva adentro.
Resultado: tu “castillo” vende y tus “piezas” siguen ahí, quietecitas, como si fueran decoración.
La reposición se vuelve una ruleta: compras cremas “porque se siente”, bolsas “porque se ven”, listones “porque alguien gritó”. Y la próxima temporada repites el ritual como quien repite una superstición.
Escena 2: La sustitución improvisada (la receta muta, pero la contabilidad no)
Un día no hay crema de lavanda. “Dale, ponle vainilla”.
Un día no hay bolsa negra. “Dale, ponle kraft”.
Un día no hay tarjeta. “Dale, sin tarjeta, total nadie lee”.
En la realidad, el kit cambió. En tu inventario, no.
Entonces el sistema cree que estás consumiendo lavanda mientras tú consumes vainilla. Y esa diferencia no se ve en el momento. Se ve cuando ya es tarde y alguien pregunta por qué el “stock” de lavanda es infinito pero la estantería está en modo desierto existencial.
Escena 3: El kit prearmado que “vive” en ningún lugar
Hay negocios que arman kits por adelantado para ganar velocidad: cajas listas, selladas, apiladas (con cariño, con prisa, con cinta que se pega en el dedo).
Eso puede funcionar… si existe un acto claro de “construcción”: hoy tomé 10 cremas + 10 velas + 10 bolsas y las convertí en 10 combos listos.
Si no registras esa construcción, tus piezas siguen “disponibles” y el kit existe como mito urbano. Vendes el mito. Y te quedas sin piezas reales.
Checklist: Organiza tu inventario en 30 días
Descarga gratis nuestra checklist para auditar, clasificar y reordenar tus SKUs como un profesional.
Escena 4: El canal que vende “más rápido” que tus números
En un canal vendes el combo como producto único.
En otro canal vendes componentes por separado.
En el mostrador alguien arma el combo “a ojo” para salvar la venta.
Tu inventario, que ya tenía suficientes motivos para desarrollar ansiedad, recibe el golpe final: la misma pieza se promete dos veces.
Y ahí aparece el fenómeno del inventario negativo: el sistema jura que debes piezas que nunca tuviste “según él”, aunque tú sí las tuviste “según tú”, solo que vivían en otra sucursal, en otra mesa, en otra dimensión.
Escena 5: El costeo que se queda sin manual
Un kit tiene costo. Ese costo no nace de la nada: se arma con piezas.
Si nadie define cómo se costea el kit (y qué pasa cuando cambia una pieza), te pasa lo típico: el kit se vende a un precio que suena bonito… y el margen se comporta como un chiste que nadie entendió.
No es que el kit “no deje”. Es que el kit está mal construido en los números, aunque esté precioso en la foto.
Dos tiendas, mismo castillo, finales distintos
Pongamos un mini experimento mental, pero sin bata blanca (porque nadie en PyME tiene tiempo para lavarla).
Tienda A: “El castillo se arma con fe”
Tienda A vende cajas de regalo. Muchísimo. La gente ama los combos.
Tienen talento para vender, para empaquetar, para hacer que algo se vea “premium” aunque venga de proveedores modestos y con cinta de embalaje valiente.
La receta vive en un chat y en la memoria de “la persona que sabe”.
Cuando esa persona no está, la receta se adapta según la intuición del día.
Las piezas se descuentan “cuando se pueda”.
El costo del kit se calcula una vez al inicio y queda congelado como foto antigua.
A final de mes, la tienda A descubre una verdad incómoda: vendió castillos, pero repuso piezas como si estuviera comprando para armar una bicicleta. Todo está cruzado. Todo está tarde. Todo “más o menos”.
Tienda B: “El manual existe y no está en una sola cabeza”
Tienda B vende lo mismo. Mismo barrio, mismo cliente, misma temporada intensa.
La diferencia es mínima, casi aburrida:
Tienda B tiene un manual por kit. Una receta visible. Una lista de piezas con cantidades, sustituciones permitidas y un gesto claro de “cuando vendo esto, consumo esto”.
No es burocracia. Es supervivencia elegante.
Cuando hay sustitución, se registra como sustitución.
Cuando arman 20 kits por adelantado, registran “construcción”.
Cuando desarman un kit porque un cliente cambió de opinión, registran “desarme”.
Tienda B no es perfecta. Nadie lo es.
Pero su inventario deja de ser una novela de realismo mágico y se vuelve lo que siempre quiso ser: un número que se parece al mundo.
El giro que duele: ambas tiendas venden igual. La diferencia no está en vender. Está en que una tiene manual y la otra tiene esperanza.
El playbook de 30 días sin software: “Manual de construcción” para que tus kits dejen de ser un chisme
Antes de pensar en ERP, toca crear el hábito. Automatizar un kit sin receta es como comprar LEGO sin instrucciones: vas a construir algo… solo que no sabes qué.
Aquí va un plan de 4 semanas, pero con una mecánica distinta: no es checklist infinito, no es “sprint corporativo”. Es manual + rituales.
Semana 1 — Elige tus 5 castillos (y deja de inventar kits por deporte)
- Define tus Top 5 kits/combos por ventas o por frecuencia de promo.
- Para cada kit, escribe su “tarjeta de construcción” en una hoja simple: nombre del kit, piezas, cantidades.
- Define un “mínimo no negociable”: qué pieza NO puede faltar para que siga siendo ese kit (tu identidad también es inventario).
Mira Smartkubik en acción
Explora el módulo de inventario con un recorrido de 3 minutos y descubre cómo automatizar tu reposición.
Semana 2 — La receta vive en un lugar visible (y no se negocia en el aire)
- Crea una hoja llamada Recetario de Kits (Google Sheets sirve): una pestaña por kit, con piezas y cantidades.
- Define sustituciones con dos columnas: “permitida” y “prohibida”.
- Establece una regla humana: si sustituyes, lo registras; si no registras, la sustitución “no existió” (y luego no te quejes cuando el inventario te haga gaslight).
Semana 3 — Construcción y desarme: dos movimientos que cambian tu vida
- Decide tu modalidad:
- Armar al vuelo (cuando entra el pedido)
- Armar por lote (prearmar kits)
- Crea dos formatos simples (papel o formulario):
- Construcción: fecha, kit, cantidad armada, quién armó.
- Desarme: fecha, kit, cantidad desarmada, motivo (cambio, devolución, ajuste).
- Ritual de 10 minutos por turno: revisar si hubo construcciones/desarmes y registrarlos.
Semana 4 — Costeo del kit: que el precio deje de ser “porque suena bien”
- Para cada kit, calcula costo como suma de costos de piezas (elige un criterio consistente: costo promedio que traes registrado en tu hoja).
- Si hay sustitución, el costo del kit cambia; no es drama, es matemática.
- Define una regla de precios: “si el costo del kit sube más de X%, reviso precio o ajusto receta”.
- Cierra el mes con un mini ejercicio: de tus 5 kits, ¿cuál te deja aire y cuál te deja puro orgullo?
Kit “Manual de Kits y Combos en 1 página”: plantilla + checklist + micro-guía para tu Recetario, Construcción/Desarme y costeo básico. “Kit Kits y Combos en 1 página: plantilla+checklist+micro-guía.”
El puente natural al ERP: cuando el manual ya existe, ahora sí conviene la maquinaria
Una vez que ya tienes receta, construcción, desarme y costeo básico, pasa algo curioso: tu operación se vuelve más tranquila… hasta que creces.
Creces en combos, en canales, en sucursales, en pedidos.
Y el “manual en Google Sheets” empieza a sentirse como intentar dirigir una obra de teatro con un megáfono sin baterías.
Ahí el ERP deja de ser “un lujo” y se vuelve la continuación lógica del orden que ya construiste:
Smartkubik, en ese escenario, no llega a regañarte. Llega a hacer que el manual sea sistema:
- Definición de productos tipo kit/ensamble con sus componentes (tu recetario, pero operativo).
- Movimientos reales de inventario al vender kits: consumo de piezas, trazabilidad, control por almacén/sucursal.
- Producción ligera/ensambles: construir y desarmar con registro, no con fe.
- Costeo conectado: el kit hereda el costo de sus componentes de forma consistente y tus reportes dejan de “sorprenderte”.
- Compras y reposición más inteligentes: compras piezas según demanda real de kits y ventas sueltas, sin duplicar promesas.
Actívalo hoy y ve tu flujo completo en minutos.
Tres microhistorias (ficticias) de kits que dejaron de morder
María vende skincare artesanal. Su kit estrella incluye 1 crema, 1 jabón, 1 bálsamo y una bolsita. Ella juraba que el problema era “comprar más”. No era eso: era que el kit no consumía nada en sus números. Cuando creó el recetario y registró construcción/desarme, descubrió que su bálsamo era el cuello de botella. Dejó de comprar “de todo” y empezó a comprar “lo que el kit realmente devora”.
Óscar tiene una tienda de regalos con dos sucursales. En una, armaban kits por adelantado; en otra, armaban al vuelo. Sin registrar, ambos mundos chocaban: una sucursal “tenía” piezas infinitas y la otra “debía” piezas que sí existían… pero del otro lado de la ciudad. Cuando separó construcción por sucursal y puso sustituciones por escrito, el inventario dejó de discutir con la realidad.
Lina vende en línea y en mostrador. En línea, el combo era un SKU bonito; en mostrador, el combo era “agarrar cositas rápido”. Su error no era el equipo: era que el mostrador no tenía “manual” a la vista. Pegó la receta detrás del área de empaque y registró sustituciones en el momento. La magia no fue tecnológica: fue que todos dejaron de improvisar la receta como si fuera jazz.
La brújula final: si vendes castillos, administra piezas
El kit no te está arruinando. El kit solo está revelando algo: tu negocio ya no vende productos, vende combinaciones. Y las combinaciones exigen manual.
Tu siguiente paso, sin software y sin heroísmo: elige un kit, escribe su receta, define sustituciones y registra construcción/desarme durante una semana. Solo una. Con eso ya vas a sentir algo rarísimo en PyME: calma.
Audioblog privado semanal: hacks operativos sin spam.
FAQs
1) ¿Qué diferencia hay entre “combo”, “kit” y “bundle”?
- En práctica, suelen ser lo mismo: un producto comercial compuesto por varios ítems.
- La diferencia útil es operativa: si el sistema descuenta componentes y costea desde piezas, trátalo como kit.
2) ¿Me conviene armar kits por adelantado o al vuelo?
- Si tu temporada tiene picos y necesitas velocidad, prearmar ayuda.
- Si tus kits cambian mucho o comparten piezas críticas, armar al vuelo evita amarrar componentes.
- Lo importante es registrar “construcción” y “desarme” para que inventario y realidad se parezcan.
3) ¿Cómo calculo el costo de un kit sin volverme loco?
- Empieza simple: suma el costo (consistente) de cada componente según tu registro.
- Si sustituyes un componente, el costo cambia: regístralo y actualiza.
4) ¿Por qué aparece inventario negativo cuando vendo combos?
- Suele pasar cuando el bundle se vende como “producto único”, pero el sistema descuenta tarde, en otra ubicación o no descuenta componentes.
- También pasa cuando se venden componentes sueltos y kits al mismo tiempo sin una receta/consumo claro.
5) ¿Cuándo ya necesito un ERP para esto?
- Cuando tienes varios canales/sucursales, rotación alta de kits, sustituciones frecuentes o ensambles por lote.
- Si tu recetario en Sheets ya se siente como “centro de control”, es señal.
Descripción del recurso descargable
Kit “Manual de Kits y Combos en 1 página”:
incluye plantilla de Recetario de Kits, formatos de Construcción y Desarme, mini guía de sustituciones permitidas/prohibidas, y una hoja de costeo básico por kit para tus Top 5 combos.
Agenda tu demo de Smartkubik
¿Listo para dejar de apagar incendios? Programa una demo personalizada o empieza tu prueba de 14 días.